Cada quincena, cientos de miles de hondureños depositan su salario en una cuenta bancaria sin detenerse a pensar en una pregunta que debería importarles: ¿quién responde por ese dinero si algo sale mal? La respuesta, según los propios reguladores y expertos del sector, está en una arquitectura financiera que hoy exhibe números que pocos países de la región pueden presumir: un índice de solvencia bancaria de 14.65%, muy por encima del 12.5% que exige la norma, y una liquidez que ronda el 39.5% de los activos, suficiente para respaldar cualquier retiro masivo de depósitos.
Detrás de esas cifras hay una red de 84 instituciones supervisadas por la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS): 15 bancos comerciales, tres bancos estatales, nueve sociedades financieras, 12 aseguradoras y cuatro administradoras de fondos de pensiones, entre otras entidades. En conjunto suman 31,571 puntos de atención y dan empleo a 41,960 personas, un tejido financiero que llega a rincones donde antes solo circulaba efectivo.
Una cartera de crédito sana
El Superintendente de Bancos de la CNBS, Omar Colindres, explica que el indicador que mejor refleja la salud del sistema es el comportamiento de la cartera crediticia. "El sistema financiero hondureño actualmente, y de muchos años atrás, se observa una solidez en sus indicadores", afirma, y recuerda que esa información se publica mensualmente en el sitio web de la Comisión, un ejercicio de transparencia que cualquier ciudadano puede consultar.

El economista Obed García, de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), coincide en que los números respaldan esa lectura optimista: la cartera crediticia supera los 7,700 millones de lempiras y la mora se mantiene por debajo del 3%.
"Esto nos deja ver que tanto el sector bancario es prudente con sus créditos como los hogares son muy responsables con sus préstamos", señala García, quien además destaca que el repunte del crédito para vivienda genera cerca de siete empleos por cada dólar invertido.
El regulador, entre la vigilancia y los riesgos emergentes
Para Colindres, el mandato de la CNBS no se limita a medir cifras: implica supervisión in situ y extra situ, con un mandato que nace del artículo 245 de la Constitución de la República.
Entre los riesgos que hoy vigila con más atención están los choques geopolíticos, el alza de precios de los combustibles y, cada vez más, el riesgo climático, para el cual la Comisión ya diseñó una taxonomía verde que busca alinear el financiamiento con criterios ambientales.
La economista Nancy Karina Ochoa, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), aporta la mirada académica: considera que la solidez institucional del país —CNBS, la Asociación Hondureña de Instituciones Bancarias (AHIBA) y el Consejo Nacional Supervisor de Cooperativas (CONSUCOOP)— genera "bastantes expectativas positivas" sobre la estabilidad del sistema.
Sin embargo, advierte que el verdadero desafío está afuera de los bancos: en la población todavía no bancarizada. "Muchas veces no se hace por falta de conocimiento, falta de educación financiera", dice, y cita el modelo del Grameen Bank de Muhammad Yunus como ejemplo de que la inclusión financiera puede llegar incluso a la economía informal.
Los seguros, un respaldo silencioso
Menos visible que la banca, pero igual de vigilado, el sector asegurador también atraviesa un momento de fortalecimiento patrimonial. Evelyn Patricia Burgos, examinadora de seguros de la CNBS, explica que la Comisión da seguimiento mensual a los márgenes de solvencia y a las reservas matemáticas que garantizan el pago de siniestros.
Uno de los productos que más impacto social ha tenido, según Burgos, es el seguro de saldo deudor: "Si una persona fallece, el seguro le paga lo que le debe al banco y los beneficiarios o las familias no quedan con esa deuda", explicó.

Banca digital
El avance de las billeteras electrónicas y la banca en línea es, para Sergio Cepeda, director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UNAH, una de las transformaciones más relevantes de los últimos años.
"La transformación digital y principalmente los medios de pago son esenciales para dinamizar más la economía", afirma. Pero advierte que esa comodidad exige ciberseguridad real: reconocimiento biométrico, cifrado de datos y una regulación que, según Cepeda, "de una u otra manera blinda" al usuario financiero hondureño, aunque debe seguir adaptándose al ritmo de la tecnología.
El panorama no está exento de tareas pendientes. La penetración de seguros apenas alcanza el 2% de la población, y buena parte de los hondureños que trabajan en la economía informal siguen fuera del sistema formal, muchas veces porque un trámite bancario les exige documentos que no tienen.
Ochoa lo resume así: cuando un pequeño agricultor necesita apenas 2,000 o 3,000 lempiras para comprar fertilizante y el banco le pide escritura y estados de cuenta, "ahí están los retos mayormente para el Gobierno y para la empresa privada".
Pese a todo, los datos oficiales revelan un sistema financiero que combina solvencia por encima del mínimo regulatorio, mora controlada, liquidez amplia y una supervisión que se declara en alerta permanente ante riesgos nuevos como el climático y el geopolítico.
La confianza de los hondureños, coinciden los entrevistados, no depende de un solo banco ni de una sola ley, sino de que esa maquinaria completa, reguladores, instituciones y usuarios educados financieramente, siga funcionando de manera coordinada en búsqueda del desarrollo del país.
Por: Mayra Lizeth Ávila
